Vivir desde el disfrute
Hablemos en Calma · Episodio 1
¿Cuántas de las cosas que haces hoy las haces realmente porque tú quieres? No porque se supone, no porque toca, no porque si no lo haces tú no lo hace nadie. Sino porque genuinamente, desde adentro, las elegiste tú.
Si la respuesta te hizo pausar un momento, este episodio es para ti.
En el primer episodio de Hablemos en Calma hablo de algo que me tomó años entender y que hoy siento que define la manera en que vivo: la diferencia entre hacer las cosas por obligación y hacerlas desde el disfrute genuino. No son lo mismo. Y la distancia entre las dos puede ser enorme.
La historia detrás de este podcast
Me llamo Javiera. Soy psicopedagoga, soy mamá de Jorgito, soy esposa de Jorge, soy estudiante universitaria, soy emprendedora. Soy muchas cosas. Pero durante mucho tiempo, todas esas cosas las hice como se supone que hay que hacerlas con esfuerzo, con responsabilidad, cumpliendo plazos y expectativas.
Estudié la carrera que quise. Nadie me presionó. Pero todo tenía que cumplirse: graduarse, la maestría, el trabajo, el matrimonio, los hijos. Como un to-do list interminable. Como algo que tenía que terminar, no desde el disfrute, sino desde la obligación de cumplir. Y no me arrepiento. Así nos manejamos la mayoría. Pero yo sentía que me faltaba algo. Me levantaba en la mañana, amaba mi trabajo, amaba a mi familia, y aun así había algo que decía: algo más me tiene que emocionar. Algo me tiene que hacer salir de esta cama con ganas reales.
Y me daba cuenta de que estaba haciendo las cosas más por obligación que desde el disfrute. Hasta que algo cambió.
El piloto automático: ¿te identificas?
Antes de hablar de cómo llegué a vivir desde el disfrute, quiero que te hagas una pregunta. ¿Cómo fue tu mañana de hoy?
¿Lo primero que hiciste fue agarrar el teléfono? ¿Revisaste el WhatsApp antes de tomarte el café? ¿Fuiste de una cosa a la otra sin parar, sin preguntarte cómo estabas, qué necesitabas, qué querías? ¿Llegaste a la noche y sentiste que hiciste mil cosas pero no recuerdas ninguna que realmente hayas disfrutado?
Eso es el piloto automático. Y no es que seamos flojas ni que no nos importe nuestra vida. Es que nos acostumbramos tanto a funcionar, a cumplir, a responder, que perdemos el hábito de preguntarnos qué queremos nosotras.
Y lo más importante: el problema del piloto automático no es que seas irresponsable al contrario, generalmente las que vivimos en piloto automático somos las que más cumplimos, las que más dan, las que más sostienen. El problema es que en ese modo, tú eres la última de la lista. Si es que apareces.
El piloto automático es silencioso. No duele de manera obvia. Solo te deja con esa sensación rara al final del día de que algo falta. Te vas a dormir cansada, pero no del tipo de cansancio que viene de haber hecho algo que te llenó. Sino del cansancio de haber dado todo sin haberte dado nada a ti.
Vivir desde el disfrute no es vivir sin esfuerzo
Esto quiero dejarlo muy claro, porque a veces cuando hablo de disfrute la gente piensa que estoy hablando de facilidad. Y no.
Estoy en una carrera universitaria compleja, densa, difícil. Y me la disfruto. No porque sea fácil, sino porque la elegí yo. Porque a estas alturas de mi vida, con maestrías y diplomados encima, quise seguir aprendiendo. Soy una persona que le gusta leer, que le gusta aprender, que le gusta recibir clases. Y cuando estoy estudiando, siento que estoy exactamente donde quiero estar.
Cuido mi salud y lo disfruto. No lo hago por miedo a enfermarme, ni desde la culpa de no haberlo hecho antes. Lo hago desde la gratitud con mi cuerpo — este cuerpo que me ha permitido ser mamá, que me ha permitido hacer tantas cosas. Y esa diferencia parece pequeña, pero hace toda la diferencia. Cuando te cuidas desde el miedo, la motivación dura poco. Cuando lo haces desde un lugar genuino, la motivación viene de adentro.
Antes me obligaba a terminar un libro aunque no me gustara. Hoy, si un libro no me engancha, llego a mi club de lectura y doy mi reseña de por qué no lo terminé. Porque hoy leo por disfrute, no por obligación.
Elijo mis amistades y mi compañía porque mi cabeza y mi cuerpo me lo piden. No por compromiso, no por costumbre. Sino porque cuando estoy con esas personas me siento bien. Me siento yo.
Vivir desde el disfrute no es lo mismo que vivir sin esfuerzo. Es hacer las cosas difíciles desde un lugar genuino, elegido, tuyo.
Lo que dice la ciencia
No es solo intuición. Hay décadas de investigación detrás de esto.
Edward Deci & Richard Ryan, Teoría de la Autodeterminación (1985)
Estos dos investigadores de la Universidad de Rochester pasaron décadas estudiando la motivación humana y llegaron a algo que parece obvio pero que en la práctica olvidamos todo el tiempo: hacemos las cosas mejor, con más energía y más satisfacción, cuando la motivación viene de adentro. Cuando elegimos algo porque nos importa, porque nos gusta, porque tiene sentido para nosotras — no porque alguien nos lo exige o porque hay una consecuencia si no lo hacemos. Y lo más revelador: cuando le ponemos demasiada presión externa a algo que ya nos gustaba, el placer interno empieza a desaparecer. Porque dejamos de hacerlo porque nos provoca y empezamos a hacerlo por el resultado. Y eso, con el tiempo, agota.
Esto explica algo que le pasa a muchas mujeres: el hobby que se convierte en emprendimiento y de repente ya no te da lo mismo. O el ejercicio que empiezas a disfrutar y en cuanto te pones una meta de kilos o de talla, deja de ser placer. Le pusiste un premio externo a algo que ya te gustaba, y el placer interno se fue.
Mihaly Csikszentmihalyi, Estado de Flow (1990)
Este psicólogo húngaro — el apellido se pronuncia Chick-sent-me-high — estudió durante años qué hace que una experiencia sea genuinamente satisfactoria. Y descubrió el estado de flow: ese momento donde estás tan metida en lo que estás haciendo que pierdes la noción del tiempo. No estás pensando en el WhatsApp que no has contestado, ni en lo que tienes que hacer mañana. Simplemente estás ahí, completamente presente. Csikszentmihalyi encontró que este estado no ocurre cuando estamos descansando pasivamente — viendo el teléfono sin rumbo, haciendo scroll — sino cuando hacemos algo que nos desafía justo en el nivel correcto. Algo que nos provoca de verdad.
A mí me pasa cuando estoy leyendo un libro que me atrapa, cuando estoy en medio de una sesión con un niño y todo fluye, cuando estoy escribiendo algo que me emociona. De repente miro el reloj y pasaron dos horas que sentí como veinte minutos. Ese es el disfrute más profundo.
Dos investigadores distintos, décadas de estudio, llegando a lo mismo: el disfrute genuino viene de adentro. No de los premios, no de las metas, no de lo que otros esperan de ti.
Los tres aprendizajes que me cambiaron
¿Y cómo se llega a vivir desde el disfrute? No hay fórmula. Pero hay cosas que a mí me sirvieron y que comparto no como receta, sino como testimonio.
1. Aprender a distinguir mi voz de las otras voces
Desde chicas nos enseñan a escuchar a los demás. A nuestros papás, a la gente mayor, a la pareja, a lo que esperan de ti, a lo que piensan. Y eso no está mal — esas voces muchas veces nos guían y nos forman. Pero el problema es cuando te riges únicamente por lo que los demás esperan, y en ese proceso te olvidas de preguntarte qué quieres tú.
A mí me pasa mucho en lo profesional. Cuando se me mete un proyecto en la cabeza y la gente alrededor, con la mejor intención, me dice: no, es mucha cosa, es mucha carga, ya tienes trabajo, tienes familia. Y lo dicen queriendo cuidarme. Pero hay una diferencia entre el consejo que te cuida y la voz externa que te frena.
Yo soy intuitiva. Cuando una corazonada me dice que sí, que me lance — eso también es mi voz. Y aprender a confiar en eso, a no necesitar que todos estén de acuerdo para avanzar, fue uno de los aprendizajes más importantes de mi vida. Porque hay cosas que no se las tienes que preguntar a nadie. Solo a ti.
2. Entender que elegirme no es egoísmo
Esto me costó mucho. Todavía me cuesta, voy a ser honesta.
Cuando fui mamá, eso se intensificó. Porque de repente cada vez que hacía algo para mí irme al pilates, salir con amigas, ir a mi club de lectura y llegar cuando Jorgito ya estaba dormido, viajar había una vocecita adentro que decía: ¿debería estar en casa?
Y hay decisiones más grandes también. Seguir estudiando me quita tiempo con mi familia. Tiempo real. Y hay momentos donde la culpa aparece. Pero tengo una familia que me apoya, y lo que aprendí es a cambiarle el enfoque: cuando me voy al pilates, vuelvo mejor. Cuando viajo, me nutro y eso me hace mejor profesional. Cuando salgo con mis amigas, me recargo y vuelvo siendo mejor esposa y mejor mamá.
3. Aceptar el camino
Yo era una persona muy planificadora. Todo tenía que salir en el plazo que yo quería, de la manera que yo quería. Y en esa rigidez, me perdía todo. Porque estaba tan enfocada en que las cosas salieran como yo quería, que no podía disfrutar de lo que sí estaba pasando.
Aprender a soltar eso fue un proceso largo. Y lo que la vida me fue enseñando, a veces de maneras muy dolorosas, es que mis planes son míos, pero el camino tiene su propio propósito. Y cuando dejé de pelearme con eso, algo se alivió. Fue ahí donde empecé a disfrutar de verdad.
Y mirando atrás, me doy cuenta de que estos tres aprendizajes no llegaron juntos ni en orden. Fueron llegando de a poco, con el tiempo, con las experiencias, con los golpes y también con las alegrías. No es que un día me desperté y dije: listo, ya lo tengo. Fue un proceso. Y sigue siendo un proceso.
Porque la constancia es clave. No me refiero a ser perfecta ni a hacerlo bien todos los días. Me refiero a seguir eligiéndolo aunque algunos días cueste más que otros. A caerte y volver. A soltar y volver a soltar, porque a veces sueltas algo y al día siguiente lo vuelves a agarrar sin darte cuenta. Y está bien. Eso también es parte del camino.
Preguntas para reflexionar
Estas son las preguntas del workbook de este episodio. Puedes responderlas aquí, en tu journal, o simplemente dejarlas dando vueltas.
- ¿Qué estás haciendo hoy que genuinamente elegiste tú, no porque tocaba ni porque se esperaba de ti?
- ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo completamente por disfrute, sin pensar en si servía para algo?
- ¿Hay algo que hagas principalmente por obligación o miedo? ¿Cómo te sientes cuando lo haces?
- ¿Recuerdas algo que empezaste a hacer por gusto y que al ponerle presión externa dejó de darte lo mismo?
- ¿Hay algo que te provoca, que te llama, que llevas tiempo dejando para después? ¿Qué pasaría si te dieras ese permiso hoy?
Salim Rana
agosto 20, 2024 at 9:15 amI love the way the instructor goes about the course. So easy to follow, even though a
little bit challenging as expected.
Salim Rana
agosto 20, 2024 at 9:16 amThe way the instructor goes about the course. So easy to follow, even though a
little bit challenging as expected.
Salim Rana
agosto 26, 2024 at 5:56 amok